sábado, 12 de mayo de 2018

Tu nombre junto a mi nombre


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Tu nombre junto a mi nombre.
10 – 05 - 2018

Yo pensaba en un viaje,
soñaba con los ecos de mis pasos
escribiendo mi huella en tus senderos.

Pronto, muy pronto,
pensé mientras veía la calle,
devoraré esas sonrisa envolviéndola en un beso.

Y tú, pronto, muy pronto,
así me lo imaginaba,
te abrazarás a mi pecho tan fuerte,
que no sabría si tu cuerpo es solo tuyo,
o es una sombra del mío que te agarra,
que te arropa,
que no quiere que te vayas.

Creí escuchar las campanas en el reino de los sueños,
y contemplé mariposas con un “tequiero” en sus alas.
Vi las gotas de la lluvia escribiendo
en húmedos charcos mi nombre,
mientras el tuyo, ¡oh, tu nombre!
quedaba escrito en el cielo,
donde yo los buscaría navegando entre las nubes.

Y soñé que pronto, muy pronto,
escucharía los ecos de arrulladores murmullos
y las notas de los trinos de deliciosos susurros
que musitaban tu nombre,
que lo enlazaban al mío y lo subían al cielo.


Y también soñé
que encerrábamos el tiempo en unos pocos segundos,
que paramos el reloj y congelamos las horas,
que grabamos nuestros nombres
en el éxtasis de un beso.  

Y soñé que parábamos la luna
haciendo nuestra la noche,
que le rogamos al sol detenerse en su camino,
y le robamos en sueños la hermosa pluma de fuego
con la que escribir tu nombre,
y mi nombre junto al tuyo,
en esa esquina del tiempo donde no existe el reloj,
en ese pliegue olvidado donde Cronos se ha dormido
y tal vez esté soñando,
y esté escribiendo en sus sueños
tu nombre junto a mi nombre.


Francisco Murcia.


viernes, 11 de mayo de 2018

Aguanta, amigo, aguanta

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Aguanta, amigo, aguanta.
10 – 05 - 2018

Aguanta, amigo aguanta.
Ya no quedan escalones que subir,
ya no queda más camino,
solo te queda la meta,
esa que nunca quisiste mirar,
esa que nunca quisiste ver,
pero esa es tu menta,
la única al final de tu escalera de peldaños curvos,
de peldaños regados con lágrimas inocentes.

Ya, aunque mires para arriba preguntándoles a los cielos,
ya no queda más camino.
No busques nombres futuros,
tus alforjas ya están llenas
de otros nombres ya pasados que te pesan,
que hacen que arrastres tus pasos por el polvo de los años.

Aguanta, amigo, aguanta.
Siempre hallarás unos versos donde condensar tus penas,
siempre algunas estrofas donde sembrar con tus lágrimas
los recuerdos que te acosan,
la memoria de batallas olvidadas,
los ecos de pasadas cobardías.

Aguanta, amigo, aguanta.
Tú te creíste los sueños,
y los sueños siguen siendo solo eso:
sueños,
espejismos de unos ojos ya cansados,
de unos ojos deslumbrados por el fulgor del ocaso.

Descansa tus pies cansados,
ya no queda más camino,
ya no quedan más ocasos de amorosas contraluces,
ya no quedan más peldaños,
ya tu tiempo ha terminado.

Aguanta, amigo, aguanta,
no pierdas la dignidad
al dar el último paso.


Francisco Murcia.

martes, 8 de mayo de 2018

El final de la imaginación


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Permítanme compartir algunas de mis divagaciones de hace veinte años. Desgraciadamente aquellas locuras siguen vigentes, y el pueblo sigue siendo esa masa amorfa con la que las élites fabrican su poder.

Reflexiones basadas el artículo del mismo título de la escritora hindú ARUNDHATI ROY.

02-08-98
El final de la imaginación.
ARUNDHATI ROY

Hacía mucho tiempo que no leía algo con la fuerza y vitalidad del artículo de esta escritora india; hacía mucho tiempo que no leía nada que significara un compromiso tan tajante en contra de la violencia. Decididamente, hoy ha sido un ida fructífero en el campo de la lectura y todo viniendo del País, incluso Vargas Llosa, que no se distingue en sus artículos por interesarme especialmente, hoy ha roto una lanza en este aspecto hablando de los nacionalismos en un tono que comparto plenamente. Pero lo de esta escritora ha sido formidable. Con razón le aconsejaron sus amigos que antes de publicarlo cumpliera con todas sus obligaciones con el estado.

Todo viene a partir de las experiencias nucleares que han realizado hace muy poco tiempo La India y Pakistán. A partir de aquí enhebra la mas formidable reivindicación de su nacionalismo, de la humanidad como tal, de la paz como única respuesta posible a unos gobernantes obtusos que confunden los derechos y ambiciones del pueblo con sus aspiraciones particulares. Se introduce en los entresijos de una nación que no sabe si lo es, puesto que surge de los restos territoriales de un imperio colonial, el de los ingleses, que, como todos ellos, tuvieron mucho de expolio y poco de magnanimidad, de extensión de la cultura y las buenas maneras. En fin, en una nación donde existen 400 millones de analfabetos, donde se hablan 1000 lenguas distintas, donde los ricos y los pobres viven en universos diferentes sin conexión posible, en un país que ocupa el lugar 138, mas o menos, entre 172 en nivel de vida de sus habitantes; pues bien, en ese país se permiten gastar ingentes cantidades de dinero y energía en la construcción de esos hermosos artefactos que son las bombas atómicas.

Las televisiones en todo el mundo emitieron el júbilo de la población  celebrando el acontecimiento como si de algún cumpleaños colectivo se tratara. Indudablemente, las autoridades indias estuvieron henchidas de satisfacción cuando comprobaron la reacción de una masa de gente desinformada, ignorante y analfabeta en gran medida. Como A. Roy, la escritora pone de relieve: ¿quiénes hicieron las encuestas o qué preguntaron?, ¿cómo se puede conceder valor a las respuestas de una gente que no tiene información ninguna y en cuyo idioma no se encuentran los equivalentes a radiación, atómica, nuclear, uranio enriquecido o cosa que se le parezca?

Según dicen los medios de comunicación, los gobernantes indios se sienten muy satisfechos y piden su inclusión en el selecto club de los países que pueden destruir el planeta en un abrir y cerrar de ojos. Dudoso privilegio diría yo. Más grandeza es necesaria para desterrar el analfabetismo de 400 millones de seres, que para tener un juguetito más en los arsenales.  Pero...la disuasión ¿saben ustedes?. Eso mismo: hay que hacer desistir al enemigo de la idea de atacarnos porque saldría mal parado. Lo que oyen. Entrando en el siglo XXI seguimos razonando como lo hiciera Julio Cesar y sus antecesores. Y bien, supongamos que nuestros enemigos nos atacan con armas nucleares, ¿creen, sinceramente, que quedarían algunos de ellos aunque nosotros no les lanzáramos ninguna? y si lo hacen sin armas nucleares siempre hay posibilidad de seguir viviendo. Es decir: si no podemos emplearlas ¿para qué las construimos? ¿No es triste que las bombas se conviertan en objeto de orgullo nacional en un país donde el hambre todavía no ha sido desterrado.

Pero no solamente constituyen una vergüenza y una sinrazón las armas nucleares para la India, sino para todos aquellos países que las han favorecido desde que hiciera explosión la primera en Hirosima. Es un legado que los americanos han dejado al mundo y por el que no podemos estarle, precisamente, agradecidos. Aunque yo me pregunto: ¿si no hubieran sido los americanos, lo habrían hecho otros? ¿Podemos olvidar, acaso, que Hitler perseguía el arma atómica como una verdadera obsesión? ¿Si un personaje de estas características hubiera poseído tal capacidad destructiva, qué habría sido del mundo? Y una pregunta aún más inquietante: ¿estamos al abrigo de que no surja otro iluminado capaz de entusiasmar a las masas en unos momentos en que la construcción de un arma nuclear es un asunto de estudiantes de universidad? Evidentemente, los regímenes democráticos  parecen estar, por el momento, al abrigo de semejante posibilidad.

El poder es algo que subyuga, y las armas nucleares tienen poder. Todos llevamos a un pequeño y un gran fascista dentro de nosotros. Cualquiera, alrededor de una mesa, en una tertulia de bar entre amigos, se cree el poseedor de la solución para cuantos problemas hay en el mundo. Si es la droga, pues al paredón con los traficantes y con los consumidores; si son los terroristas, pues un estado de sitio, coger a todos y liquidarlos, si se trata de.... Así sucesivamente, el monstruo del fascismo que llevamos dentro se manifiesta enseñando su cara más feroz. ¿Cómo podemos asegurarnos de que los políticos son capaces de controlar, todos ellos, su componente fascista? Evidentemente, la guerra fría nos ha dejado un panorama demasiado caliente.

Ojalá que esta carrera nuclear que han iniciado India y Pakistán no sea el preludio de un drástico método de control de la población. Ya en otros momentos se ha hablado de la posibilidad que manejaron la India y China de limitar sus respectivas poblaciones mediante una guerra entre ambas. Pero, claro, son cosas de estúpidos que no saben lo que dicen.


Francisco Murcia.  

Claroscuro de luna


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Claroscuro de luna.
28 – 06 - 2017

La luna en cuarto creciente,
mientras la estrella se oculta,
tiñe los oros del día
en luces blancas de plata.
Pálida penumbra fría
en el silencio del prado.

Y las copas de los chopos
en plata se difuminan,
mientras la brisa suave,
conversando con las ramas,
me susurra melodías
que ya tenía olvidadas,  
suspirando entre la yerba,
mientras el lirio se duerme
meciéndose en la espadaña.

Dulce melancolía
al asomarse la luna,
suprema serenidad
mientras se termina el día,
sinfonía de agua libre,
tintineo delicado
de esas notas caprichosas
que la corriente compone
entre la yerba y los chopos,
conversando con los lirios,
jugando con los zarzales
a la orilla del arroyo.


Apenas un si es no es,
un mortecino reflejo
que cabalga en la penumbra
de esa luz blanca de planta,
un vacilante aleteo
de una linda mariposa
que se acerca hasta el arroyo,
para bailar con el agua,
dormir entre los juncales
y bañarse en el rocío
mientras la luna se oculta
al comenzar la alborada.

La luna en cuarto creciente,
y yo sentado en el prado.
Miro al disco plateado,
pienso en el sol al ocaso,
y me siento tan pequeño
como una brizna de yerba,
como la rama de un chopo;
tan frágil y delicado,
cual vacilante aleteo
de la débil mariposa.
Y sin embargo tan grande,
como es el mismo infinito,
porque de él formamos parte,
porque también somos notas
de esa bella sinfonía
que compone el universo.



Francisco Murcia.

viernes, 4 de mayo de 2018

Divagaciones

¡Ah, divagar! Es bonito, algo así como pasear libre por un paisaje de horizontes infinitos donde todo es posible, desde mirar frente a frente a un átomo, hasta luchar en feroz batalla con molinos de viento o amar hasta cambiar la eternidad por un beso. Como no, en este limbo donde solo los soñadores pueden pasear sin perderse, también tienen su fundamento las duras e inmutables columnas de la lógica. Permítanme pues, dejar descansar mi arpa del salón en el ángulo escuro, sin olvidarla, y sumergirme en los antros menos amables, pero desgraciadamente más reales, de esto que hemos dado en definir con un nombre: CIVILIZACIÓN. Pido por ello excusas de antemano.

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Divagaciones
8-05-14

No hay causas sin efecto ni efecto que se quede en sí mismo sin ser la causa del siguiente eslabón. Estamos en un error si circunscribimos el sufrimiento del ser humano a un efecto de su pensamiento. Es evidente que los animales sufren más o menos en función de la complejidad de su sistema nervioso. Estamos demasiado “endiosados” como para reconocer la inteligencia en los animales, como para reconocer emociones en otros seres. Y sin embargo es un hecho. La categorización por la que nosotros nos colocamos en cabeza es consecuencia, precisamente, de la soberbia de la especie humana.

El tigre mata a la gacela y no por ello se siente culpable de nada. ¿Nos sentimos nosotros culpables por comer la carne que se pone en nuestra mesa? Si somos sensibles al sufrimiento de nuestros semejantes es porque compartimos la misma identidad de seres humanos y vemos en sus penas las desgracias que podrían afectarnos algún día. Demasiado preocupados por las cosas humanas, sí; pero… ¿acaso habría habido desarrollo y civilización si nos hubiéramos despreocupado de nuestra propia naturaleza? Si fuera fácil evitar las guerras, ¿por qué después de tres millones de años de existencia de la especie aún no se ha dado con la solución? Hubo a través de la historia personas que hablaron de las bondades de la paz, de ofrecer la otra mejilla, de la igualdad ante el dios sol de todo ser humano –Amenofis IV- y lo absurdo que resultaba que unos fueran los dueños de otros. Esto no es de ahora, pero los sufrimientos continúan, las guerras permanecen, y si bien es cierto que procuramos evitar conflagraciones planetarias que nos conducirían a la desaparición de la vida, no lo es menos que las guerras fratricidas continúan.

Ciertamente el modelo de desarrollo que nos hemos dado solo conduce a un final que no es otro que la autodestrucción, bien sea por las disputas por controlar los medios que no son infinitos, sobre todo el agua, o por guerras originadas para eliminar a los competidores. Hoy, sobre la mesa de los presidentes de casi todas las naciones, especialmente de las potencias que cuentan con el poder suficiente como para ser tenidas en cuenta, descansan los planes para una hipotética guerra generalizada que pueden contemplar en simulaciones de ordenador, conociendo de antemano el número de víctimas, las zonas implicadas en el conflicto, la capacidad de respuesta de cada una, la incidencia en la economía y el previsible futuro después de una conflagración. Se nos ha dado un paraíso, pero alguien comió de la fruta prohibida y todo se ha ido al carajo –obviamente, se trata de una metáfora-.
El Papa, insta a la ONU y a su presidente a implicarse en un plan mundial orientado a erradicar el hambre y también las guerras. Posiblemente muchos lo vean con los ojos del partidismo religioso o ideológico, pero lo cierto es que una iniciativa así solo puede ser auspiciada por organismos cuya influencia alcance a todos los rincones de la tierra. Tarea demasiado hercúlea para un solo hombre, aunque este sea el Papa. Pero como dicen los chinos: “todo camino comienza con el primer paso”.

Dicen los científicos que el universo camina hacia la entropía, hacia el desorden, hacia el caos. Y ciertamente, cuanto más retrocedemos en la materia, más orden encontramos, mientras que cuanto más progresamos hacia el macrocosmos, más desorden hallamos, a pesar de que las leyes físicas que gobiernan los acontecimientos nos parezcan fortalezas inexpugnables donde guardar la lógica. Queremos ver en el universo la expresión de una inteligencia cósmica. Puede ser, al fin y al cabo, divagar puede ser hasta bonito porque no pretendemos buscar ninguna verdad, sino simplemente pasear entre los recovecos de nuestras propias creaciones mentales. No se hace daño a nadie y alguna que otra vez brilla, en la noche de nuestra ignorancia, una lucecita que nos despierta la esperanza en ese “algo más”, que se supone detrás de la frontera de la vida tal y como la conocemos.

En este punto, recuerdo el librito titulado: Juan Salvador Gaviota. ¿Cómo puede una sardina conocer la inmensidad del océano que la contiene o la existencia de las aves? ¿Cómo pretendemos nosotros conocer lo que está fuera de nuestro plano de existencia? ¿Acaso no es absurdo pedirle a una hormiga que desarrolle el teorema de Pitágoras? La única posibilidad que nos queda es dejar abiertas de par en par las puertas de nuestra mente.

Se habla en muchas ocasiones del amor entre los seres humanos. Hay muchos ejemplos que avalan la fuerza infinita de este sentimiento cuando se comparte. Pero hasta eso hay que aprenderlo, aprender a amar, aprender a sentir a los demás seres humanos como una parte de sí mismo: Yo soy en la medida en que todos somos. No nos educan para eso, nos educan para ser esclavos. Al divagar, recorremos senderos desconocidos, inexplorados que tal vez nos lleven a un valle en el que poder descansar a la luz de las estrellas. Sigamos divagando.

Después de esto, volvamos al campo más amable de la lírica.


Francisco Murcia.

jueves, 3 de mayo de 2018

A mi gente.


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A mi gente.
3 – 05 - 2018

Hace no mucho tiempo, circulaba por el muro un monólogo que se me antojó precioso. Un muñeco de trapo, con gorra, bigote muy poblado y aspecto de persona simple de gran corazón y mucho sentido común, se lamentaba de no ser humano. –Si yo fuera humano-, comenzaba, y seguía enumerando todo aquello que soñaba, todo aquello que amaría y le gustaría hacer o que simplemente sucediera; desde degustar un caramelo de chocolate a cambiar el corazón de las personas y construir un mundo más amable.  Uno de los deseos de ese muñeco de trapo que me quedó grabado decía: “si yo fuera humano, les diría a todos los que quiero que los quiero”. Ese muñeco, en su corazón de trapo, albergaba todo el amor del mundo, y en su mente imaginada sabía lo importante que es decir: “TE QUIERO” Lo pongo con mayúsculas porque esa frase significa una entrega sin reservas, un desnudarse del alma, una forma de ser en otro ser, de existir dejando de ser tú, para ser tú y yo, dos en uno, cuyos cuerpos separados compartirán el alma, convirtiéndola en una sola que se proyecta al infinito.

Aquel monólogo lo compartí porque fue como si mi alma hubiese ocupado aquellos miembros flácidos, aquella cabeza fofa con su gorra, aquellos ojos simulados, pero vivos.  La voz grave, intencionadamente cadenciosa, desgranaba las sentencias como si salieran de lo más profundo de mi propio ser: la humildad, el respeto, la dignidad, la belleza de lo simple, la hermosura de una sonrisa inesperada, la felicidad del niño que juega con la pelota. Aquel muñeco, en su alma de trapo, encerraba todo lo bueno que puede ser el humano, y la frustración de ser encerrado en la oscuridad de su maleta al terminar la función, sabiendo que el mundo seguirá siendo el que es; no porque él sea un muñeco, sino porque el humano es una marioneta manejada por los hilos de su instinto.

“Si yo fuera humano, les diría a todas las personas que quiero, que las quiero”. Yo no soy ese muñeco, yo sí soy un ser humano y puedo decirle a las personas que quiero, que las quiero. Por eso, porque estáis entre las personas que quiero, os digo que OS QUIERO, con mayúsculas, que queden bien grabadas en los anales del tiempo.

Francisco Murcia. 

miércoles, 2 de mayo de 2018

Carta imaginada

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Carta imaginada a un amor imaginado.

Amanece y te retiras de mi sueño dejando en mis oídos la caricia de tus versos.

Me levanto, me aseo, meticulosa ducha incluida, y después de echarle a los peces y desayunar una frugal taza de café con leche y avena, me pongo a repesar el “álbum” de fotos, ese que solo nos corresponde a ti y a mi. Entonces me he dado cuenta de que me falta una, esa de la preciosa presentación que te sube a los altares de la lírica, el lugar para el que yo no tengo las escaleras apropiadas. Así que debo de mirarte desde abajo y te veo como un diamante que brilla en lo alto, repartiendo destellos, fugaces relámpagos en una tormenta de inspiración que lo envuelve todo. Y de pronto, veo como se trenzan esos rayos en una figura en la que me puedo adivinar, me proyectas como un fantasma infiltrado en las hebras del tejido de tus emociones. Entonces me siento menos pequeño, casi casi, me siento importante y me quedo embelesado, incapaz de apartar la mirada de ese diamante que brilla en la cima del altar donde, merecidamente, te colocan quienes pudieran ser mis oponentes en el torneo del amor. Pero tú me has elegido y nunca sabré por qué.

Tal vez sea una ilusión, figuraciones mías; pero cuando paseo por tus poemas, me paro en cada metáfora, en cada verso y, muchas veces, en cada unas de las palabras. No puedo evitar verme cabalgando en la cresta de tus emociones, entre las olas de ese mar tempestuoso de cariño que agita tus sentidos y los lleva al borde del éxtasis. Y me siento orgulloso de ti y de mi mismo por haber sido elegido para soñar juntos. Porque he de decirte que, cuando al crepúsculo se ha cerrado y la luna apenas se asoma, paseo contigo en mis sueños, inundando de luz la oscuridad de mi noche. Es un paseo sereno en el que nuestras manos enlazadas son las autopistas por donde transita todo ese río de amor en el que nos vemos sumergidos. No hacen falta las palabras en nuestros sueños, nuestros ojos lo dicen y lo contienen todo. En nuestro camino imaginado, hay un seto formado por un hermoso rosal, su belleza y fragancia nos penetra hasta convertirnos en una nube de deseo que se esconde entre los pliegues de una imposible realidad donde apagar los fuegos que nos abrasan. Todo esto pasa por mi mente cuando leo tus versos, y todo eso lo sueño cuando me quedo a solas contigo y te susurro abrazado a la almohada.

Y acabo de leer justo en estos momentos una publicación en la que, recordando a figuras de la literatura universal, se dice lo siguiente: “Un poeta es un pequeño dios”. Lo dice por la capacidad de crear que tienen los que verdaderamente son poetas; la misma capacidad que tú demuestras en tus poemas. Cuando busco a Rosalía de Castro, incluso a la mismísima musa de la lírica griega Safo, inmediatamente y sin poder evitarlo, me sumerjo en tu propia lírica, y me encanta. Cierto que en ocasiones debo intentar penetrar en tu mente para desenredar el cuadro de tus metáforas y ver cada una de sus pinceladas; pero incluso así, me siguen encantando.

A pesar de todo lo dicho, mi querida poetisa, no te vistas con los ropajes grandilocuentes de la pedantería; eso me lo dejas a mi que, con mi inconsciencia y vehemencia, caigo en ello sin darme cuenta, a pesar de que lo odie profundísimamente. No caigas en el abismo del orgullo que apagaría el horno donde se moldean tales bellezas literarias y sobre todo, apagaría el fuego en el que se alimentan los sueños. Tú solamente escribe y deja que sea yo el que cante la belleza de tus versos.

Francisco Murcia


Oh, las palabras

  Oh, las palabras 20 – 10 – 2023   Las palabras bullen dentro de mi como fieras enjauladas, van y vienen, se vuelven y revuelve...