domingo, 16 de septiembre de 2018

Hoy me despido de ti

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Hoy me despido de ti.
15 – 09 - 2018

He visto las golondrinas en el cielo
y los milanos oteando el palomar.
He visto un águila planeando lejos, lejos,
muy alta,
tanto que solo era un punto en un inmenso azul.
He visto la alborada
teñir de rojo y naranja el horizonte lejano.
He visto las alondras volando entre los rastrojos,
y a esos pequeños jilgueros, nerviosos,
de trecho en trecho saltando,
desde el espino al sarmiento,
desde el sarmiento al zarzal.

Al transitar tus caminos he sentido mis raíces.
Al aspirar los aromas de campos y de rebaños,
al contemplar esas lomas que se elevan
como espaldas de cíclopes dormidos
donde descansan los siglos
y mirar frente a frente,
la frente de esa Corbera que al naciente da la espalda,  
me siento tan pequeñito,
me siento tan de esta tierra,
que una lágrima furtiva resbala por mi mejilla
cuando envuelto entre las sombras alargadas del ocaso,
he de despedirme de ella,
y de ella me despido en un quiebro inesperado.

Lejos quedan los aromas de los campos y rebaños,
lejos el polvo de sus caminos,
lejos las alamedas y los meandros del río.
Todo queda en la distancia,
todo queda en el olvido.

Miro hacia atrás
y no veo mis huellas en el camino,
y mirando hacia delante no te veo en mi paisaje.
Por eso hoy me despido de esta tierra,
 me despido de este Duero
cuyas estrofas de agua se pierden en el silencio,
y me alejo de los ecos de las ramas
conversando con el viento,
del cup chup de las carpas,
del delicioso frescor de la umbría,
 de la hierba y la hojarasca.

Hoy me despido de ti,
de tu espuma y de tus aguas,
de tus cielos de cobalto,
de esas Cuestas que no quieren ser montañas,
de esa Corbera insolente con sus espaldas al alba,
de tus auroras y ocasos,

Hoy digo adiós a mi tierra.
Tal vez un último quiebro,
un acaso inesperado,
me devuelva a sus caminos.
Pero… eso es cosa del azar,
y el azar no está en mis manos.


Francisco Murcia

miércoles, 12 de septiembre de 2018

La sequía


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La sequía
21 – 07 - 2016

Llora la tierra sobre el valle reseco,
y llora lágrimas de arena.
Ya hace mucho tiempo que el verde se apagó.
Polvo, polvo,
polvo en espigas agostadas que no han llegado a granar,
polvo en el aire,
polvo en los labios,
polvo, solo polvo,
hasta la lluvia se ha convertido en polvo.

La piel del valle reseca se agrieta,
se abre en un mosaico de heridas,
líneas quebradas que se hunden en la tierra
y que dibujan el mapa de la terrible sequía.

Polvo, polvo,
solo polvo entre cuatro pajas secas
y unos cuantos colgajos
de un tocón achicharrado de algo que fue un árbol.

Allá, a lo lejos,
una figura difusa,
parece una persona con un odre en la cabeza,
respira polvo y avanza,
busca el único pozo,
o charco o lo que sea
donde poder obtener un poquito de agua sucia,
agua de polvo,
polvo en los labios,
polvo en el aire,
solo polvo,
mientras la tierra se abrasa.

Francisco Murcia.


lunes, 10 de septiembre de 2018

Los caminos del olvido

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Los caminos del olvido.
10 – 09 - 2018

No sé por qué senderos caminaba.
Miro hacia atrás,
y mis huellas se hunden en el polvo,
irreconocibles.
Había dibujado con ellas bellos paisajes,
y pensaba que todos veían esa belleza,
que miraban como yo miraba,
que veían lo que yo veía:
jardines inmensos
donde las margaritas siempre tenían un sí para el amor,
para la paz,
para la concordia,
senderos jalonados de amapolas,
de flores de mundo y de pétalos de rosas.

Fabriqué un paraíso de ilusiones,
un edén construido de promesas.

Pero mis huellas quedaron enterradas en el polvo,
en turbias oscuridades de obcecadas penumbras
donde habitan los fantasmas del pasado,
encriptadas en las negras mazmorras
donde se ocultan obscenas mediocridades.
Hieden,
siempre han extendido efluvios de nauseabunda amargura,
sentimientos muertos que huelen a carne muerta,
margaritas deshojadas adornando el cementerio.

¿Y qué esperaba si yo he llamado a esa puerta?
¿Perfumes de madreselva?
¿Brisas de malvarrosa?
No sabía por qué senderos caminaba
y golpeé una puerta
que sonó a puerta cerrada.

Esta vez las margaritas nunca tuvieron un sí,
y hubo miradas de acero,
y voces eruptivas vomitando sentimientos olvidados,
y hubo gestos dislocados,
gruesas pinceladas negras en el roto lienzo de un cuadro
donde no hay más que cipreses bordeando
los caminos que conducen al olvido.


Francisco Murcia

domingo, 9 de septiembre de 2018

Más allá de los paisajes

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Más allá del paisaje.
8 – 09 - 2018

Con el permiso de Mari Callealta Torres.

Cuando el rocío arda entre miradas desnudas,
más allá de un paisaje de nebulosa desprovisto de su tacto,
cruje el esqueleto de los párpados resecos
a punto de quebrarse,
y rasga la piel la memoria de tantos mapas
trazados con las rutas del deseo.

Amordazada mi carne en secretos de penumbras,
huye el aullido de la palabra en los brazos del amor,
donde el tiempo se confunde
y no existen los relojes que midan la eternidad.
Allí despierta mi alma coronada de laureles.

Mi cuerpo sigue dormido en la prisión de mi carne
y los mapas del deseo brillan en el recuerdo;
la piel apergaminada llora lágrimas de arena,
y los párpados resecos
ya no tienen esqueleto que los sustente.

Pero el alma sigue ahí como fuente del amor,
más allá de la ausencia de los tactos,
por encima de la prisión de la carne,
que sigue viva,
que aún respira,
que grita en su prisión los clamores de la vida,
que riega la piel reseca con deseos renovados
cuando la brisa le trae lejanos ecos de arrullo,
efluvios desconocidos de aromas ya olvidados.
La mirada perdida encuentra sus horizontes
y los párpados resecos
se bañan en el rocío de renovados albores.

Francisco Murcia



sábado, 8 de septiembre de 2018

Una noche sin luna.


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Una noche sin luna.
8 – 09 – 2018

Apoyado en el poema “Dime por qué no te acercas” de Teresa Moncayo.

Si me acerco al ámbito donde reposan las estrellas,
y entre su brillo trazo los senderos
donde mis pasos dibujan avatares de mi tiempo,
tal vez me duerma en esta noche sin luna
y me pierda escalando las colinas azules de mis sueños.

Entonces mi sombra
vagará por los páramos desolados de tristes melancolías,
perdida, sumergida en las tenues penumbras
de una nube que busca la luz de una mirada cómplice,
de un lucero que ilumine los senderos de mis sueños.

En el marco del jardín de mis recuerdos,
percibo los aromas de pétalos deshojados,
el murmullo de “tequieros” en susurros olvidados,
tenues ecos de pasos que me siguen en silencio,
duendes que recogen los escombros de los segundos perdidos,
construyendo un nuevo tiempo,
nuevos peldaños que me remonten
a ese lugar de luz donde brillan las estrellas,
y hallar por fin el reposo
sin temor a que mi sombra se pierda sin ver tus ojos.

Francisco Murcia


miércoles, 5 de septiembre de 2018

No lo sé, mi vida, no lo sé

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No lo sé, mi vida, no lo sé.
1 – 02 - 2018

No sé cómo devolverte la alegría,
no sé cómo mirarte a los ojos y dibujar
los momentos que la vida nos robó.
No sé, mi amor, no sé
como darte de mis labios la alegría que yo siento,
la dicha de conocerte,
la felicidad que vivo tan solo cuando te sueño.

No sé cómo borrar la sonrisa impostora
que oculta tanta tristeza.
Asesinaría a Cronos sin con ello,
se evaporara mi tiempo,
volviera a verme naciendo en las fuentes de la vida.
Cuántas veces en el cuenco de mis manos
he secuestrado el vacío y lo he llenado de besos,  
y lo he lanzado a los vientos para que lleguen a ti.

No sé, mi amor, no sé,
como pintar de alegría las ventanas de tus ojos,
cómo recoger el brillo de las lágrimas vertidas
y situarlo en las flores acompañando al rocío,
para que sean estrellas cabalgando al infinito,
para que lleven tus penas muy lejos, tan lejos,
que ni siquiera el recuerdo pueda llegar hasta ellas.

No sé, mi vida, no sé,
como engañar a ese dios que dispone de mis días,
y caminar hacia atrás,
devolverte la alegría y el deseo de soñar.

No lo sé, mi vida; no lo sé,
y créeme que lo siento.


Francisco Murcia

domingo, 2 de septiembre de 2018

Fue tan bonito



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Fue tan bonito
2 - 09 - 2018

Fue tan bonito
que ahora cuando lo pienso,
creo que lo estoy soñando.
Siento el tacto de tus manos en las mías
mientras tus ojos sostienen esa mirada
teñida de ansiedad y miedo,
de un "-Dios mío, qué estoy haciendo-"
mientras tus dedos
escriben en mi piel los delicados arpegios de un deseo
y tus labios detienen la sonrisa
insinuando la sombra de un beso,
apenas perceptible,
apenas una sospecha en las curvas de tu boca,
y un arrullo de paloma queda suspendido en la brisa,
en ese corto espacio que se me antoja infinito,
y queda flotando en el aire
el mudo susurro de un "tequiero".

Fue tan bonito
que lo escribí a la entrada de mis sueños,
que grabé las notas de tus deseos en mi piel
y dejé en tus oídos el murmullo de un "teamo"
quedo, silencioso,
solo para nosotros,
porque entre la multitud solo estábamos nosotros,
solo la brisa que compartimos,
solo nuestras miradas  manteniéndonos cautivos,
tú de mi y yo de ti,
y entre nosotros esa mesa,
con una rosa en el medio
y la ausencia de una vela de tremolar vacilante
donde escribir nuestros nombres
y dibujar entre sombras un lirio con nuestros besos.

Francisco Murcia.  

Oh, las palabras

  Oh, las palabras 20 – 10 – 2023   Las palabras bullen dentro de mi como fieras enjauladas, van y vienen, se vuelven y revuelve...