domingo, 16 de febrero de 2020

La eternidad en un beso.


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La eternidad en un beso.
14 – 02 - 2020

¿Volverá algún día? No lo sé. A veces, insinuándose las clareas del alba por los resquicios de mi ventana, me levanto, retiro las sábanas que ahora siempre me parecen frías, y abro los postigos casi con precipitación, como si ella estuviera esperando al otro lado aterida por los fríos del amanecer. A lo lejos, muy lejos, el cielo se debate entre cárdenos y azules, y el roció aquí mismo, bajo mi ventana, comienza a escribir las notas de un nuevo día, otro más, y así van tantos que no los puedo contar. A veces me digo que así es mejor, que soy más libre, que ya no hay límites que detengan mis sueños.

¡Pobre iluso! Cuando se ha apagado el ocaso y miro al cielo, veo esos luceros que contábamos uno a uno sentados, ella a mi lado y yo, perdido entre sus aromas, repetía: uno, dos, ¿y aquel que brilla allá lejos?, preguntaba. Es Venus, le respondía, es el lucero del alba. ¿Cómo puede ser del alba si lo vemos al ocaso? Porque es el primero que sale y el último que se marcha. Y mientras mira el cielo yo me pierdo imaginando la dulzura de su cuello, peinando la mata de pelo que se derrama a su espalda, bebiendo con mis anhelos los reflejos, que como duendes traviesos se dibujan en sus ojos.

Pero todo eso fue hace tiempo. No sé cuánto porque no quiero contarlo, por no escribir más páginas en los días de mi vida. Abro la ventana cada día y cada día, lo hago esperando al otro lado su imagen, sus ojos con el cielo reflejado, su cuello de nácar donde dibujar un beso. Pero sólo está el roció jugando a la eternidad con esos rayos de sol, y me dan pena las gotas que sonríen al verdugo que les ha de dar la muerte; tal vez saben, que terminado el ocaso, la luna devolverá lo que el sol les ha robado. Sí, tienen suerte las gotas de rocío, pueden morir y nacer mil veces, diez mil veces, y muchas, muchas más, tantas, que ahí siguen escribiendo los colores de la aurora  y recogiendo la imagen de los siglos, más allá de la fuente los tiempos.

Los tiempos, aquellos fugaces momentos donde encerramos, entre las mieles de un beso, un trozo de eternidad. Yo guardé en mi corazón su pizca de eternidad. La tengo aquí, conmigo, contando cada latido: uno – dos, uno – dos. Así, paso a paso, camino, mientras repaso aquellos luceros del cielo que contábamos juntitos, ella a mi lado y yo, cabalgando en su perfume, robando la eternidad que sellamos con el beso. Mi eternidad, ¿dónde quedó? Yo se la di completa, toda entera. ¿No pesa en su corazón, entre latido y latido, el suspiro de aquel beso? Tal vez solo fuera una sombra que en mis noches convertí en la frágil mariposa que fabriqué entre mis sueños.

Eso fue hace mucho tiempo, aunque ya no sé cuánto porque he dejado de contarlo. No quiero ser el notario de la esperanza perdida. Sigo abriendo la ventana para que diga el rocío cómo vive por la noche y muere al venir el día.  Sigo viviendo en mis sueños, muriendo al venir el día, pero abro mi ventana con los luceros del alba, porque queda la esperanza del trozo de eternidad que yo guardé en aquel beso.


Francisco Murcia.

miércoles, 12 de febrero de 2020

Aún no te conocía cuando me dijiste adiós.

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Sonetos para un adiós.

Aún no te conocía cuando me dijiste adiós.
Soneto libre XXXVII
11 – 07 - 2019

Desde el principio supe que no te conocería.
Que te amaría, lo supe desde el principio
aunque no te conociera.
Y lo acepté como se acepta lo inevitable,
la furia de los vientos o el fragor de la tormenta.                                         
Fuiste para mí una nube con la forma de arco iris,
y como el arco del cielo, contenías
los colores con que te pinté en mis sueños. 
El viento jugaba con tus cabellos y tu larga falda
tremolaba a cada paso como bandera de paraísos ocultos
escondidos entre blondas juguetonas
que insinuaban paisajes de deseadas delicias.
Eso fue hace mucho tiempo, tanto que cuando dijiste adiós,
supe que te marchabas sin haberte conocido.

Francisco Murcia.


miércoles, 29 de enero de 2020

¿Por qué sueño?

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¿Por qué sueño?
26 – 01 - 2020

¿Sabéis por qué sueño?
Porque dentro de mi hay un niño.
Él es el que proyecta esa sombra de poeta que hay en mi.
Él es el que dibuja en el vacío alas de mariposas,
el que marca con ocres hojas de otoño
las páginas que se niegan al olvido.
Él es el que ilumina las sombras
y da voz a los silencios en medio de las penumbras.
Él es el auténtico poeta,
el forjador de suspiros,
el que da la vida a Blancanieves
con un tierno beso en la almohada.
No hay canciones de cuna para este niño
que descubrió en las miradas lo que nunca quiso ver,
que se escondió entre los cuentos
y que no quiso crecer.

¿Sabéis por qué sueño? 
Porque solo soy un niño que habló con las mariposas,
que le pidió a las rosas algún pétalo prestado
para marcar en el cuento palabras que nunca oyó,
que en las sombras de la noche oyó cantar a los grillos
y dibujó sus silencios en las gotas de rocío.
Amor vio en el canto del grillo y una sonrisa en la luna
y a la luna le pidió que le cantara una nana.
Con las notas de la luna aquel niño se durmió
y se quedó entre los sueños
buscando aquellas palabras que la vida le robó.


Francisco Murcia.

domingo, 19 de enero de 2020

Fugaz como la humedad de un beso

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Sonetos para una adíos.

Fugaz como la humedad de un beso.
Soneto libre XXXVI
18 – 06 – 2019

No tenía aún mis ojos vacíos de ella, cuando apareciste tú.
Aún los vientos no se habían llevado sus aromas,
cuando tu brisa inundó las penumbras de mis sueños
y mi dedos aprendieron a dibujar en tu piel
las rutas inacabadas de mis ocultos deseos,
cuando en el hueco de la almohada aún mis dedos
peinaban entre las sombras los bucles de sus cabellos.
Ya no vi los ojos de ella cuando me miré en tus ojos,
y confundí sus aromas con los tuyos al roce del primer beso.
A mis oídos llegaron los rumores de un te quiero
y lo tomé como cierto, y entre latido y latido
lo grabé en mi corazón con el cincel hecho a fuego,
con que se graban las cosas destinadas a lo eterno,
sin pensar que sólo duraría lo que dura la humedad de un beso.



Francisco Murcia.

miércoles, 15 de enero de 2020

Sospecha de luz

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Sonetos para un adiós.
 Sospecha de luz
Soneto libre XXXV
12 – 06 - 2019

Apareciste como la sombra de una luz imaginada,
como la nube que apenas tiñe el cielo,
como un proyecto de ilusión que se quedó prendido
al calor de los ardores de mis sueños.
Tus ecos suaves disolvieron los recios acantilados
que convertían tormentas en inocuas espumas
y dibujaron en los vientos la sospecha de una dicha.
Apareciste navegando entre mis sombras,
como ese lucero rebelde que se filtra entre las nubes,
sacudiste los fantasmas de mis miedos
y convertiste mis noches en bellos claros de luna.
Sospecha fuiste de luz que atravesó mi ceguera
y se esfumó entre la nada de un sueño que se perdió,
como se pierde en la niebla el rumbo de los caminos.

Francisco Murcia.

viernes, 10 de enero de 2020

Tonterías


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Tonterías.
10 – 01 – 2020

Cuando ya has transitado los años aquellos en los que las fantasías cabalgaban a ras de tierra como potros inocentes que corren alocados, y ya has pasado los días aquellos en los que la prisa voraz ha devorado tu tiempo, cuando al fin, dejas de remar porque ya no hay playa a la que arribar, entonces y solo entonces, te dejas llevar por la corriente, te tumbas panza arriba en las plácidas ondas de la vida, exhalas un amplio bostezo, y contemplas resignado esas hojas del otoño, que se llevan con el viento lo que has escrito en ellas mientras ibas caminando

Mecido por el silencio, contemplas el ocaso mientras sueñas, ya despierto, en esa puerta del cielo donde un día llamarás, y tendrás que llamar. Aún sientes los rescoldos de energía bajo esa capa gris, ascuas adormecidas que aún brillan tenues bajo esas densas cenizas que se van acumulando. Sonríes. ¡Qué cosas!, te dices. El sol pinta el horizonte con los óleos purpúreos con que se anuncia la noche y una sombra de sospecha difumina la sonrisa, se acentúan las arrugas que la vida ha ido dejando, y en medio de las penumbras, comienzas a preguntarte el porqué de las estrellas que vienen a saludarte.

¡Tonterías! Das al aire un manotazo para espantar esos duendes que un día sí y otro también, al contemplar el ocaso, te susurran al oído: “Ya sabes que todo es un cuento, pero entonces… ¿cómo se hizo todo esto? Recuperas la sonrisa, te dices que son bobadas, y en una calma apacible, en una almohada vacía, reproduces de memoria el lugar de las estrellas y hasta tratas de contarlas. Con tus ojos bien abiertos, perfilas una y mil veces los objetos y las sombras que en tu solitaria alcoba dibuja una lamparita que te han dejado encendida. ¡Tonterías! ¡No son más que cuentos! Dejas de sonreír y piensas en las estrellas.

Ha empezado un nuevo día. Se apagó la lamparita. Ya no hay brillo en los rescoldos que dormían bajo la densa ceniza. Ya todo es polvo y olvido. Pero quedan las estrellas, una tímida llamada en la puerta de los cuentos y una sonrisa que vuela mientras cuenta los luceros.


Francisco Murcia

viernes, 3 de enero de 2020

Antes de salir el sol

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Sonetos para un adiós.
Antes de salir el sol.
Soneto libre XXXIV
18 – 04 - 2019

Camino con pasos perdidos sin saber dónde me llevan,
senderos no elegidos que me obligan a dar pasos
y más pasos a los que no hallo sentido;
contemplar bellos ocasos sin una mano en la mía,
añorando mi reflejo dibujado en sus pupilas.
Oh, qué hermosas aquellas nubes que dicen adiós al sol,
algodonales que el cielo nos regala donde busco su figura,
y espero, componiendo con mis dedos siluetas imposibles,
donde colocar sus ojos, donde colocar su boca,
donde mandar esos besos que ya no encuentran destino y espero,
espero la noche donde no encuentro la luna
Susurro entre penumbras su nombre y lo escribo
en el hueco vació de la almohada donde peiné sus cabellos
donde ella escribió su adiós antes de salir el sol.

Francisco Murcia



Oh, las palabras

  Oh, las palabras 20 – 10 – 2023   Las palabras bullen dentro de mi como fieras enjauladas, van y vienen, se vuelven y revuelve...