martes, 5 de diciembre de 2017


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Comenzamos a morir en el momento en que perdemos la capacidad de amar.

No dejes de enamorarte
30 – 11 - 2017

Envejecen cuando dejan de enamorarse.
Una frase, una más de tantas.
Cosas de poetas, de almas solitarias
que buscan en las fuentes de la luna,
entre sombras de penumbras olvidadas,
algún alma perdida contándole a la noche
lo que no cuentan al día,
pues el día les duele, caminando en soledad,
fabricando soliloquios que se pierden
encerrados en las criptas de su mente.

Y en silencio grita el viejo,
y a veces mueve los labios,
y la gente,
la gente observa  asombrada,
esboza media sonrisa,
y cruzando sus miradas,
al viejo le dan la espalda.

Un pobre loco perdido que le habla a las palomas,
que se sonríe por nada.
Como un niño parvulito, juega con canes y plantas.
Y es que no sabe la gente que conversa con su amada
y que sigue siendo niño, que se sigue enamorando
y que no cuenta sus años,
solo cuentan esos sueños donde él habla con ella,
y cogidos de la mano pasean entre las nubes,
y a su paso van dejando universos de ilusiones.

Y es que el viejo no habla solo,
tan solo habla con ella,
con los perros y las flores y con las bellas palomas.
Pero el viejo no envejece, porque está enamorado.
No es una frase de tantas,
no son cosas del poeta.
Las palomas nos lo dicen y las flores nos lo cantan:
es un niño con diez lustros, que pasea con su amada.


Francisco Murcia.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Podría decirte


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Podría decirte.
27 – 11 - 2017

Podría decirte…
que tengo celos del aire que respiras,
que tengo celos de la luz que te ilumina,
del vestido que cubre tu piel de nácar,
y de la brisa juguetona que se enreda en tu cabello.

Podría decirte, qué se yo, que tengo envidia
de los duendes que cabalgan por tus sueños,
de las flores primorosas que recoges con tus manos,
del polvo de los caminos donde se quedan tus huellas.

Tengo envidia de las fuentes que reflejan tus encantos,
y de las rosas del huerto y de la flores del campo,
tengo envidia, vida mía,  de las luces del ocaso,
perfilando tu figura cuando la noche se acerca.

Tengo envidia de la aurora que se baña en tu sonrisa,
y de esas sábanas blancas que te acompañan los sueños.
Por tener, yo tengo envidia hasta del mismo universo,
y me pregunto qué sino nos creó tan a destiempo.

Podría decirte, amor, tantas y tantas cosas,
y para qué te las digo si tú las conoces todas:
Ya sabes de lunas llenas en noches de luz de plata,
y de hadas duras de hielo congelando pesadillas,
Tú ya sabes de relojes de tic-tac acompasado,
cada minuto una hora y cada hora dos siglos;
tú ya sabes, vida mía; ya sabes lo que te digo.

Podría decir que te amo, pero también sabes eso.
¡Ah, pero eso no me lo callo!, te lo susurro al oído,
tengo miedo que los vientos me arrebaten tu cariño.
Podría callar que te amo,  pero eso no va conmigo.

Francisco Murcia.



lunes, 27 de noviembre de 2017

No me llores en la ausencia

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No me llores en la ausencia.
25 – 11 - 2017

Llórame cuando yo esté
para beberme tus lágrimas.
No me llores en la ausencia.
En la ausencia quiéreme,
ámame,
como el calor ama al fuego,
como la nieve al invierno,
como el verde lujurioso envuelve a la primavera,
Pero no llores mi pena cuando estoy lejos de ti.

Cuando estoy lejos, amor,
el dolor por tus ausencias me quema,
como el sol quema la fruta que nace en la primavera.
Cuando estoy lejos, amor, no llores.
porque el calor de ese fuego se tragaría tus lágrimas,
negándomelas a mi, para apagar mis temores.

No llores cuando estoy lejos,
llórame frente a tus ojos,
llórame cuando tus labios acaricio con mis dedos,
llórame cuando respiro tus perfumes y tu aliento,
llórame cuando te miro
y cuando aspiro cada poro de tu cuerpo.
Pero no me llores lejos,
porque lejos, amor mío,
no puedo llorar contigo.



Francisco Murcia.

martes, 21 de noviembre de 2017

Cuerpo de mujer.


Danza, Puesta Del Sol, Abendstimmung


Cuerpo de mujer.
21 – 11 - 2017

Alma de mujer,
cuerpo del pecado,
para forjar mi sueño te forjé, 
como el hierro en la fragua de Vulcano,
te di fuego y te di amor,
y tu te volviste cera entre mis dedos,
y ambrosía en el cuenco de mis manos.

Te forjé, como se forjan los sueños,
entre dolores de parto y dichas de nacimientos;
te forjé como se forjan las almas en purgatorios sedientos,
te forjé entre sentimientos perdidos,
abandonados en estériles desiertos.

Y te guardé entre mis sueños,
guardé tu alma inmortal y guardé tu cuerpo
negándoselo al pecado.
Oh, mujer, alma de mi alma,
¿Por qué tu cuerpo me llama y me aprisiona,
y me encadena a las mieles de tu piel? 

Yo, mujer, te forjé como se forjan los sueños,
caprichosos, libres, inciertos y grandes,
más grandes que el universo.
Pero ¡ay mujer!
Queriendo forjar tu alma caí preso en las redes de tu cuerpo.

Y me vi en las fraguas de Vulcano
y tu forjabas tu sueño.
Era yo la cera entre tus dedos,
y era la ambrosía en el cuenco de tus manos, 
Y yo me dejaba hacer.
Con el fuego de tu amor,
me convertiste en la miel que tu deberías ser,   

Yo quise forjar tu alma, y ya lo ves,
al final no pudo ser,
pues tu forjaste la mía con tu cuerpo de mujer.


Francisco Murcia.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Econntré mi sueño

A veces, cuando ya el odre de la esperanza está casi seco, al última gota contiene la estrella perdida.

Encontré mi sueño.
17 – 11 - 2017


Entre las hojas temblorosas de mi otoño,
un sueño que yo creía perdido,
se despereza, se estira y cobra forma,
y en un gesto entre bostezo y suspiro,
aparta las hojas secas y asoma
su cabeza ya cana y olvidada.

¿Dónde he estado hasta ahora? Se pregunta.
¿Que hada me robó mi primavera?
¿Dónde he pasado el verano escondido
que he perdido las horas de mi tiempo,
que he olvidado los goces de mis años?

¿Quién eres tú, hada hermosa o hechicera?
¿Dónde estabas escondida hace tiempo,
en esas primaveras que pasé
añorando los susurros de un te quiero?
¿Por qué me olvidaste entre las hojas,
escondido, dejando pasar el tiempo?

¡Oh, cuánto te he echado de menos!
¡Cuánto olvido entre las hojas muertas!
¡Cuánto deseo muerto entre las hojas!
¡Cuánto amor enterrado entre las frondas!
¡Y cuanto dolor y cuánta pena!

Asoma entre las hojas mi cabeza,
ya cana, de cara arrugada y fea,
y despierta a las brisas del otoño.
Por fin, encontró el sueño perdido,
apartando las frondas de hojas secas.
Mi hada aventó las hojas muertas,
acunó mis canas con dulzura
y me enseño que el otoño también
puede ser una hermosa primavera.


Francisco Murcia.





viernes, 17 de noviembre de 2017

¿Qué son las vidas?

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Jorge Manrique decía que las vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir. En ese sentido, la vida es un tránsito. Hacerlo en soledad es triste y además no tiene sentido.

¿Qué son las vidas?

 Las vidas son…
¿Qué son las vidas? me pregunto,
cuando se viven sin unos ojos que reflejen tus pupilas,
sin una palabra que rompa los silencios,
sin una brisa que traiga los efluvios de otras vidas,
sin unos oídos que escuchen el vibrato acelerado
de esa sinfonía universal que modula los vientos
en altas cimas nevadas de colosales montañas,
sin la caricia de la brisa a la orilla de una playa,
sin la terrible galerna que agita la marejada,
ni el rumor de la enramada en la alameda,
que conversa con el río al paso quedo del agua.

Las vidas son…
¿Qué son las vidas?
Al final solo es deambular,
de arriba abajo, de abajo arriba sin dar sentido a tus pasos,
y perder tantas miradas de gentes indiferentes
que derrochan sus minutos en soliloquios callados,
en apagados ecos de fuego que nos consumen por dentro,
por no salir del ahogo de ese oscuro y sucio cieno,
por no decir:
-Oiga amigo, ¿le importa que acompañe su paseo?
–Qué peinado tan hermoso y que hermoso plateado,
que bonita luce Vd. paseando por la rambla-

-Está loco-, se dirían,
sin embargo lo que busco es dar sentido a la vida,
escuchar los ecos de otras vidas y otros cuerpos,
sentir el rumor suave de la brisa entre las ramas
y, si acaso, descubrir
esa mirada perdida que busca sin darse cuenta
la rama donde agarrarse,
con la que seguir flotando en el río de la vida,
el detalle cotidiano, anodino,
que nos mantiene flotando en la corriente hacia el mar,
que es el morir,
perdiendo a nuestras espaldas las huellas que ya no vemos.

Las vidas son…
¿Qué son las vidas? me pregunto,
Mientras, sentado en un banco,
contemplo a los paseantes con toda su vida a cuestas,
con sus vacías miradas, sin esperar a escuchar
los ecos de tanta gente que van y vienen con prisa.
Me pregunto dónde irán,
y me imagino los ecos de cuitas y de agonías
y recuerdo que mis prisas fueron muchas y a destiempo,
que tal vez sin darme cuenta derroché tantos minutos,
que estoy al final del río donde se acaba la vida
sin llegar a comprender los motivos del destino
que me hizo nacer primero
para morirme después.

¿Qué son las vidas?
Solo tengo una respuesta:
-Sí, al final son solo eso,
un paréntesis del tiempo en su eterno devenir.



Francisco Murcia

lunes, 13 de noviembre de 2017

El tiempo perderá la batalla si eres capaz de amar hasta el final.

A pesar de todo te he vencido.

El otoño llegó sin darnos cuenta,
y sus vientos barrieron las hojas que
asesinadas por la indiferencia,
yacían muertas a nuestros pies,
alfombrando los estériles caminos
de nuestros perdidos pasos a la nada.

Así llegó el invierno y el silencio,
entró el gélido frío en nuestras vidas
perdidas en horizontes inciertos,
oteando desde lomas solitarias,
escondidas en memorias olvidadas,
escrutando los segundos que pasaron,
las horas, los días y los años
de aquella primavera memorable.

Llegaron los furores del verano,
agostaron la frondosa primavera,
y entera nuestra vida se apagó,
arrasada por fuegos inventados,
devastada por ausencia de esas gotas
que negaron el rocío del amor.
Y amanecen secas las mañanas,
la fuente de los gestos se secó,
el roció de esas tiernas miradas
se ha perdido en nuestros ojos secos,
que buscan anhelantes un detalle,
un destello, una chispita escondida
donde prender esa llama que un día,
trémula, alumbraba nuestras noches
y animaba al amor en la alborada.

El otoño se impuso con sus vientos,
y alfombró de hojas muertas nuestro suelo.
Polvo en los caminos solitarios,
donde ya no dejan huellas nuestros pasos.
A lo lejos se disuelven horizontes
entre brumas perdidas de unos años
donde creo que hubo primavera,
pero ya queda tan lejos en el tiempo,
que el polvo va cubriendo los recuerdos
y borrando las huellas de un pasado
del que tengo más dudas que certezas,
pues surgen en mi memoria las nubes
que anuncian el ocaso de mi vida.


Confusamente sé que hay algo cierto,
algo de mis recuerdos si que fue,
no es locura ni es invento de viejo
exhausto del camino recorrido,
es la firma indeleble de la vida
trasmitida a través de nuestros hijos,
es la firma en las arrugas de mi piel,
canales esculpidos en mi rostro
por un Cronos cruel e inalterable,
aceñas que me dicen que estoy vivo,
que guardan en sus grietas aún la esencia
de unas fuentes que ha tiempo se secaron.

Hoy contemplo las hojas de mi otoño,
y palpo las arrugas de mi rostro,
que inician un amago de sonrisa.
Está escrito en mi cara que he vivido,
aunque el mar de los olvidos ahogue
las eternas primaveras memorables,
los fuegos de veranos angustiosos,
los ocasos terrosos del otoño
y los gélidos fríos del invierno.

A pesar de todo, ya ves, Cronos,
a pesar de todo te he vencido.

Francisco Murcia.

Oh, las palabras

  Oh, las palabras 20 – 10 – 2023   Las palabras bullen dentro de mi como fieras enjauladas, van y vienen, se vuelven y revuelve...