domingo, 13 de febrero de 2022

A la vista de un poema.

 

A la vista de un poema

10 – 02 - 2022

Estimada amiga, no todos los poemas son una ventana al cielo, o al infierno interior que vive cada poeta, no todos merecen la atención que les dispensan los entendidos próceres de las letras; a veces los hay anodinos; otras, explosión de sentimientos que elevan nuestras lágrimas ocultas a la cima de un Olimpo desierto donde los dioses, sordos ellos, ignoran nuestros lamentos. Pero hay alguno de esos que merecen escalar las empinadas laderas del reconocimiento, pues en él, se derraman todas las soledades de un alguien que fue creado cuando Dios estaba enfermo; se siente, por tanto, como un despojo, un exabrupto ahogado que se quedó en sus adentros, el delirio de la fiebre que lo quemaba por dentro. Así me he sentido, así me siento cuando golpeo el teclado a la vista del poema. Transito por él como lo he hecho por mis días. Por eso lo siento, lo comparto y lo comprendo.

 Soy aquél en esos versos que nunca quiso nacer, el siempre perdido, el nacido del azar cuando el azar camufló, entre susurro y jadeos, una semilla perdida y Dios no lo pudo evitar, porque Dios estaba enfermo. Soy ese aquél que nunca fue invitado, ni deseado ni amado. Soy ese aquél perdido en un otoñó tardío que añora las primaveras que nunca pudo vivir.

 Pero ella, ella siempre estuvo ahí. Luz de mi noche que iluminó mis penumbras; huésped de las sombras, la recogí entre mis sueños, los ecos de sus arrullos restañaron mis heridas y sus lágrimas, al fin, le prestaron a las mías sus reflejos y juntas, crearon el arcoíris para firmar en el cielo lo que a Dios se le olvidó, porque Dios estaba enfermo.

 Francisco Murcia.

 

jueves, 30 de diciembre de 2021

El polvo del tiempo

 



El polvo del tiempo.

30 – 12 - 2021

 

Inspirado en LONTANANZA

Poema perteneciente al libro ARJÉ, de Héctor Cacho.

 

Lontananza, lejanía,

polvo del tiempo que se evapora

en un presente fugaz que se nos escapa.

Busco una flor en los páramos de mi soledad

y mis ojos no encuentran horizontes.

 

Todo es pesado, yermo,

fría lápida inmensa donde escribir mi epitafio.

Quiero huir,

los pies me pesan,

me pesan los momentos que arrastro tras de mi,

cuya sombra se pierde en lontananza, allá,

en un lugar de umbrosa mazmorra,

oscuro delite que secuestró mi destino.

 

Ahora solo soy piedra,

mis pies ya no dejan huella y mis ojos,

cansados,

buscan el paraíso cuyo reflejo han perdido.

 

Me quedaré aquí siempre,

esperando la dicha de tu imperfección.

Tal vez una nueva aurora me regale

aquel presente que yace en algún punto de mi sombra.

 

Francisco Murcia Periáñez.

jueves, 2 de diciembre de 2021

Sin tiempo para vivir. Sin tiempo para morir

 


Sin tiempo para vivir. Sin tiempo para morir.

2 – 12 – 2021

 

Se mueve en las brumas donde el ser y no ser es la misma cosa, porque la mente navega en el incierto mar donde las olas están, no van ni vienen. Ella sube y baja, ora una cresta, después un valle; luz cegadora en la primera, sima oscura absorbente y aterradora la segunda y en el fondo, esas preguntas turbadoras: ¿qué es la vida? ¿qué sentido tiene la vida? Alza la vista y no ve el horizonte, mira a los ojos y no ve comprensión, observa los rostros y no halla la sonrisa.

Dentro de ella un duende está desbocado, revuelve las piezas del puzle, construye paisajes absurdos y le grita. No quiere hacerle caso, pero el duende no cesa, y cuando calla, todo es una espesa negrura, una oscuridad sin límites. A veces, el duende emerge y flota sobre la cresta de la ola que siempre está ahí. Entonces mira el cielo y le parece hermoso, contempla el sol y se promete, y se cree la promesa, que nunca más bajará a las simas donde reinan las tormentas de las olas muertas.

¿Qué pasa en mi mente? Se pregunta. ¿Qué pieza ha sido mal colocada que soy sin ser, que estoy sin estar, que muero y vivo al mismo tiempo, sin tiempo para vivir de verdad o morir y abandonar este mar sin horizontes? Oh dulce sueño, efímero y fugaz, que brota delicioso, salvador, del recinto de cristal donde brilla malicioso; relámpagos de rubí alumbran mi noche y me sumergen en ambarinos destellos donde me ahogo. Otra vez la oscuridad, ese ser sin ser, ese estar sin estar, esa nada que queda suspendida como una llamita en el aire que se escapó de su vela y se desvanece en la noche.

Quién soy yo, se pregunta mientras cabalga la cúspide de la ola y se ve acompañando a las nubes en su vuelo. Mira las simas que se hunden allá abajo y sabe que pronto llegará la oscuridad, que no puede detener al duende que rige ese azar terrible y caprichoso.

 

Francisco Murcia.

miércoles, 24 de noviembre de 2021

Oh bendita burbuja









Oh, bendita burbuja

11 – 11 - 2021 

¿Cómo es posible?

No lo entiendo.

¿Fue todo un sueño?

Miro hacia atrás y veo brillando tu huella,

honda, profunda,

y a su lado, un rosario de pétalos

que se extiende viniendo hasta mis días.

 

¿Cómo es posible

que aún golpeen en mi pecho los ecos de tus latidos,

dime, cómo es posible

que aún suene en mis oídos el tremolar de tus labios

entre suspiro y suspiro?

 

Si fue todo tan fugaz

por qué se ha parado el tiempo

dejando en tus ojos prendidos

los brillos de mi reflejo.

 

Oh bendita burbuja

que tornasolas el tiempo y lo disuelves

en incontables momentos,

navegas entre mis sueños mientras escribo su nombre

y mis dedos

aún siguen acariciando los bucles de sus cabellos,

 

oh bendita burbuja

que encierras en tu universo la llave de mis secretos,

etérea brisa del tiempo donde navega mi otoño,

los vientos desnudan las arboledas,

testigos mudos de un beso,

y guardas en tu vacío el eco de los recuerdos.

A ti, bendita burbuja, te llevaré o me llevarás a ese lugar

donde se quedan los huesos y la eternidad

ya no contiene las horas y no cuenta ni los días ni los años,

donde el tiempo ya termina y el beso que yo recuerdo

conmigo se quedará, hasta el final de los tiempos.

 

Francisco Murcia.Periáñez


miércoles, 17 de noviembre de 2021

La huida

 









La huida

17 – 11 - 2021

 

Ah, amigo,

la huida de sí mismo es imposible.

Te vas de la casa,

explorarás mundos inciertos,

fogonazos y destellos que te cegarán,

y seguirás viendo tu propio fantasma,

como la imagen de un espejo que te persigue.

 

No hay despedidas en la aurora,

como no hay principio en el ocaso.

La noche no viene porque nunca se fue,

porque siempre fue la dueña,

la propietaria de mis días sin auroras.

 

Vago sin sueños.

La utopía es un horizonte

perdido entre las penumbras de mi alcoba.

No tengo motivos para reírme

ni para perdonar a Dios

la gélida estepa donde ha colocado el corcel de mi existencia.

 

Ahora, más sosegado,

 cuando ya no quedan huellas que dejar,

camino lejos, dejo la casa;

no importa donde me lleven mis pasos,

sé que no puedo huir de mí mismo,

lo asumo,

ya no alzo los ojos en busca de un horizonte,

tan solo busco un rincón donde olvidarme que soy

y que un día existí.

 

Francisco Murcia Periáñez.


martes, 26 de octubre de 2021

Yo solo quería

 


     

Yo sólo quería

26 – 10 – 2021

 

Yo solo quería

encontrar tus ojos,

hallar tu mirada,

gustar la fragancia

de tu piel de nácar.

Yo solo quería

que tú me miraras.

 

Mi mano inocente

rozó tu vestido.

Yo solo quería

que tú me notaras,

que estaba a tu lado,

que yo suspiraba

por una mirada.

 

Y tú sonreías

mirando a otro lado,

mirando muy lejos,

volando, volando,

tus ojitos negros

reflejan colores

tiñendo el ocaso.

 

Yo solo quería

 cogerte del brazo,

llevarte en volandas

en una burbuja,

robarte sonrisas

y darte un abrazo,

sentir en mi pecho

suave tu cuerpo,

sorber los suspiros,

escuchar los ecos

en mi pecho herido. 


Yo solo quería

dibujar un beso

en alas del viento,

que tú lo supieras,

que yo estaba ahí,

que tú me miraras.

 

Aunque no me quieras,

yo solo quería

que tú lo supieras,

que estaba a tu lado,

que yo estaba ahí,

donde estuve siempre

y siempre ignorado. 

 

Francisco Murcia Periáñez. 




lunes, 18 de octubre de 2021

Seguir respirando.

 


Seguir respirando

17 – 10 - 2021

 

Ay, la soledad

penetra en nosotros como la humedad en el aire que respiramos.

El silencio, la rutina,

el ir y venir sin mirar, para qué,

si no hay paisaje más allá de nuestra piel.

Sonrisas grabadas en el recuerdo entretienen nuestro tiempo

mientras vamos y venimos

en un pequeño universo sin horizontes ni cielos.

Y seguimos la rutina,

continuamos marchando cuando venimos

sin saber por qué ni para qué,

simplemente para seguir respirando.

 

Francisco Murcia Periáñez.

Oh, las palabras

  Oh, las palabras 20 – 10 – 2023   Las palabras bullen dentro de mi como fieras enjauladas, van y vienen, se vuelven y revuelve...