domingo, 6 de enero de 2019

El indefenso era yo

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Sonetos para un adiós.

El indefenso era yo
Soneto libre XIV
22 – 11 - 2018

Te imaginé desnuda entre mis manos,
temblando trémula e indefensa, 
aferrándote con la mirada a tu reflejo en mis ojos.
Te imaginé como fruta caída del árbol,
como rayo de sol perdido en extraño amanecer,
como luna que no encuentra su noche,
como pétalo perdido que ha escapado del jardín y ahora
se acurruca junto a mí temeroso de los vientos.
Pero yo me equivoqué al imaginarte así, 
pues fuiste clara luna de mi noche,
rayo ardiente en mi oscuro amanecer,
y me aferré a mi reflejo en tus ojos,
degusté la fruta que tu árbol me ofrecía,
y al cerrar los ojos tú, supe que el indefenso era yo.



Francisco Murcia.

jueves, 3 de enero de 2019

Con las alas desplegadas

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Carta del enamorado a la enamorada.

Con las alas desplegadas.
2 – 03 - 2018

Hace no mucho tiempo, circulaba por el muro un monólogo que se me antojó precioso. Un muñeco de trapo, con gorra, bigote muy poblado y aspecto de persona simple de gran corazón y mucho sentido común, se lamentaba de no ser humano. –Si yo fuera humano-, comenzaba, y seguía enumerando todo aquello que soñaba, todo aquello que amaría y le gustaría hacer o que simplemente sucediera; desde degustar un caramelo de chocolate a cambiar el corazón de las personas y construir un mundo más amable.  Uno de los deseos de ese muñeco de trapo que me quedó grabado, decía: “si yo fuera humano, les diría a todos los que quiero que los quiero”. Ese muñeco, en su corazón de trapo, albergaba todo el amor del mundo, y en su mente imaginada sabía lo importante que es decir: “TE QUIERO” Lo pongo con mayúsculas porque esa frase significa una entrega sin reservas, un desnudarse del alma, una forma de ser en otro ser, de existir dejando de ser tú, para ser tú y yo, dos en uno, cuyos cuerpos separados compartirán el alma, convirtiéndola en una sola que se proyecta al infinito.

Aquel monólogo lo compartí porque fue como si mi alma hubiese ocupado aquellos miembros flácidos, aquella cabeza fofa, con su gorra, aquellos ojos simulados, pero vivos.  La voz grave, intencionadamente cadenciosa, desgranaba las sentencias como si salieran de los más profundo de mi propio ser: la humildad, el respeto, la dignidad, la belleza de lo simple, la hermosura de una sonrisa inesperada, la felicidad del niño que juega con la pelota. Aquel muñeco, en su alma de trapo, encerraba todo lo bueno que puede ser el humano, y la frustración de ser encerrado en la oscuridad de su maleta al terminar la función, sabiendo que el mundo seguirá siendo el que es, no porque él sea un muñeco, sino porque el humano es una marioneta manejada por los hilos de su instinto.

“Si yo fuera humano, les diría a todas las personas que quiero, que las quiero”. Yo no soy ese muñeco, yo sí soy un ser humano y puedo decirle a las personas que quiero, que las quiero. Por eso, querida, porque estás entre las personas que quiero, te digo que TE QUIERO, con mayúsculas, que queden bien grabadas en los anales del tiempo.

 La quiero
2 – 03 - 2018
Tengo que escribir a las sombras de la noche
y decirles que la quiero,
que protejan su sueño en un manto de silencio,
que detengan la alborada más allá del horizonte
y que la dejen volar.
Porque ella es un ángel y lleva mi corazón en sus alas,
y el suyo, lo llevo yo en  mi pecho,
en mi pecho y en mi alma.

Oh sombras de la noche!, amparad pues nuestro sueño,
decidle al sol que cabalga a lomos del arco iris,
que detenga su jornada y que espere,
mi ángel está soñando y me transporta en sus alas.

Tengo que escribir al sol para que demore el día,
para verla traquinando entre rosas y geranios.
He de decirle a la luna que guarde su luz de plata,
y comentarle al espejo que le secuestre su imagen,
para tenerla conmigo más allá de las penumbras,
de los labios de la noche y los geranios del día.

Debo preguntar a Dios cómo se detiene al sol,
cómo se para la noche cuando ella está soñando,
cómo demorar el día cuando me miro en sus ojos,
cómo detener la brisa que me roba sus suspiros.

He de preguntarle al tiempo cómo se para el reloj,
como se encierra en segundos la eternidad de un momento.
He de firmar con mi Dios un testamento divino:
que se quede con mi alma,
y que conserve a mi ángel con sus alas desplegadas.


Francisco Murcia

Soñando con tu sonrisa

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Sonetos para un adiós.

Soñando con tu sonrisa.
Soneto libre XIII
18 – 11 - 2018

Qué dulces fueron aquellas horas y que dulce tú,
escribiendo con tus ojos los cauces de mi esperanza. 
Qué dulces tus dedos trenzando gestos delicados con los míos,
acariciando mis manos que se dejaban sumisas.
Qué dulce ese amago de sonrisa que iluminaba tu cara
y qué dulces los susurros que se quedaban flotando en el aire,
promesas de tus labios que llegaban a los míos.
Así fue que nos vimos frente a frente, solos,
cabalgamos las nubes de los sueños imposibles,
tú a un lado de la mesa y yo, a dos mundos de distancia.
Qué dulce la brisa que me trae tus aromas,
y qué amargo es el azar que separa nuestras vidas.
Tú sin mi, buscándome entre tus sueños en una orilla lejana,
yo sin ti, a este lado, soñando con tu sonrisa.


Francisco Murcia. 

sábado, 29 de diciembre de 2018

¿Poeta?

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¿Poeta?
28 – 12 - 2018

Me dicen poeta muchas veces. Yo me miro a mi mismo y me sonrío. Es que facebook es muy generoso con los títulos de los sentimientos, más cuando van avalados por un collar de lágrimas cuyas perlas, falsas la mayoría de las veces , resbalan por mejillas de cínicas arrugas. Basta inventarse unas penas y dejarlas volar con el viento, como hojas muertas del otoño que se arremolinan en las escondidas puertas de almas solitarias, y ya está; sumidas en los silenciosos ecos de su soledad, esas almas se apresuran a vestir sus penas con los tonos del otoño y como plañideras de antaño, cantan sus desventuras, su amargura y su abandono. Y claro, no lo hacen para que queden sus ecos perdidos, huérfanos de oídos delicados donde posarse y arrancar un suspiro de comprensión; en realidad atruenan las ondas con sus gritos, revientan los postigos de ventanas descuidadas y se internan en los espacios oscuros de abandonadas alcobas.   

Pero no me hagáis caso, bien sabéis que no me lo creo, eso de poeta, digo. Porque para decir poeta, no me fijo en lo que escribo, sino en lo que siento, en cómo lo siento y en cómo digo lo que digo; en cómo lanzo al viento los ecos de mis desvelos y convoco melancólicos lamentos. Pero… ¿sabéis qué? Que a pesar de las arrugas y de azarosos momentos en que entornando los ojos se escapa alguna humedad, más cerca estoy de las rosas que de oscuros crisantemos. No paseo por sepulcros el corcel de mi ilusión, no veo altos cipreses de enhiesta serenidad alzar sus copas al cielo en mis paisajes de ensueño, no; no veo nieves de invierno en mi escasa cabellera; veo gotas de rocío que titilan como estrellas, y sonrío muy feliz, cuando sentado en la Rambla, escucho con embeleso el arrullo enamorado de las palomas en celo. Me podéis tachar de ido, no me importa, pues si me llamáis poeta ¿qué distancia puede haber entre un poeta y un loco?

Los sentimientos son ¿cómo les diría?, son un poco como el viento. Sí, ya sé que el poeta promete amores eternos, y lo más curioso es que lo siente cuando lo está prometiendo, y aún resulta más extraño que no muera ahogado en ese mar de lágrimas que destila en cada verso. Y es que, claro, entre verso y verso, hay resquicios, grietas por donde penetra la brisa de la autoestima, algún eco soterrado de rumores ya olvidados, recuerdos de arrullos de antaño. Y en medio de la tristeza se dibuja un leve gesto, un delicado mohín parecido a una sonrisa; sabe que está el otro mundo, aquel que habita en sus sueños, el que transita entre sombras cuando el ocaso se hunde y nos saluda la luna.

Algunos me dicen loco, otros me dicen poeta. Y yo que aún tengo algún tino, me coloco en la mitad, entre el loco y el poeta, y les pido que me digan qué es lo uno y qué es lo otro, pues yo no encuentro distinto al loco de atar que dicen, del avezado poeta.

Francisco Murcia.



viernes, 28 de diciembre de 2018

La magia de la lluvia

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La magia de la lluvia.
27 – 12 - 2018

Dice García Lorca
que la lluvia tiene algo de ternura,
un amago de extraña resignación,
una sombra de melancólica dulzura.

Su música suave de rumor,
su tintineo rozando los cristales,
el arrullo de sus gotas cuando acarician el suelo,
todo en ella es paz,
todo en ella es vida,
y la tierra,
agradecida, nos regala sus aromas,
los árboles el reflejo de sus hojas
y el polvo de los caminos
se apea de los vientos del azar
y se posa,
manso,
para escribir en el suelo las huellas del peregrino.

Sí,
la lluvia tiene algo de ternura,
dulce semen que fecunda los paisajes,
savia que el cielo nos manda,
humedades del edén donde se siembra la vida.

Tiene la lluvia algo que yo no sé descifrar,
un arrullo de cortejo de palomas,
el amago de los ecos apagados de esas notas
suspendidas en la brisa
y ese tamborileo con que llama a mi ventana.

A su rumor se calman mis ansias,
y me inunda una plácida quietud,
acaso un inconsciente nirvana precursor
de éxtasis deliciosos que imagino
caminando por los cielos de la amada.

Un gris suave de tierna melancolía viste mi alma
y siento la llamada de la tierra,
quiero confundirme con la flores que danzan
al mágico compás del sirimiri
que acaricia suave los pétalos abiertos,
prestando al mundo su belleza
y a la brisa la dulzura de su aroma.

Encierra la lluvia en sus gotas
los secretos de penumbras amorosas,
los secretos de la vida de las flores,
los secretos de los ríos,
los secretos de los mares,
y se callan los secretos de la nubes
que murmuran, mientras pasan,
melancólicas historias
de magos duendes y brujas.

Sí, tiene algo de mágico la lluvia
que yo no sé descifrar.


Francisco Murcia.

jueves, 27 de diciembre de 2018

Después de la fiesta

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Después de la fiesta.
26 – 12 - 2018

Oh! Cuando toda esa algarabía
de frases vacías y risas prestadas,
de alegrías simuladas,
surgidas del fondo de las botellas exhaustas
se aleja,
entonces surge ese yo escondido
que te busca
y te encuentra en un ¡hola! oculto
que escapó
de los ecos de rígidas cortesías.

Ahora solos,
donde sobran las palabras
y gritan esos silencios
que nos cuentan fantasías,
uno a uno,
cuento los húmedos cabellos que me ofreces
y te ofrezco los secretos de mi noche,
hasta que venga el día y se termine el silencio.


Francisco Murcia

lunes, 24 de diciembre de 2018

Música para el cuerpo y el alma

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Música para el cuerpo y el alma.
23 – 12 - 2018

Poema que me sugiere la bellísima interpretación de
Gheorghe Zamfir & André Rieu

Surgen las notas de la nada de un vacío
donde se gestan en perpetuo silencio.
Y de pronto,
los vientos de un suspiro,
escrito en la quieta soledad,
en ese rincón del alma donde no llegan los gritos,
donde todo se apacigua,
donde se vierten las lágrimas que no quieren ver el sol,
y que lloran hacia adentro;
en ese rincón del alma,  
crea la vida la caricia de un suspiro
en las notas que cabalgan armoniosas,
pétalos deliciosos que juegan entre las ondas
y que se posan, suaves,
delicadas mariposas sobre pompas de jabón,
estuches donde navegan
emociones que creíamos perdidas,
y vuelan libres y leves como espíritus,
remontando las tormentas iracundas
de las soberbias del ego que se esconde temeroso
ante la paz, el sosiego,
la dulce y blanda cadencia de las bellísimas notas
que escriben en las conciencias los paisajes del amor.

Y ahora sí,
la lágrimas salen a ver el sol
y descargan las almas sus tristezas,
y cabalgan los espíritus al cielo
sobre las notas agudas que las grabes prepararon
como corceles airosos que, con brío,
remontan las simas de los oscuros silencios,
jardines de crisantemos
donde encerramos los miedos.
Suena la flauta
y el sol viste las auroras,
siembra el rocío los prados y brillan las perlas
entre juncos y espadañas,
y las hojas cantarinas,
agarrándose a la brisa,
danzan al son de las notas.


Francisco Murcia. 

Oh, las palabras

  Oh, las palabras 20 – 10 – 2023   Las palabras bullen dentro de mi como fieras enjauladas, van y vienen, se vuelven y revuelve...