miércoles, 10 de marzo de 2021

En las espuma de tu mar





En la espuma de tu mar

19 – 02 - 2021

 

En la espuma de tu mar escribo

cuando se acerca a la playa y deja

su blanca estela esparcida en las arenas,

y dibujo un corazón que las olas se lo llevan.

 

Entonces miro las olas que van y vienen,

Ese rumor de agua viva,

ese lamento de arena,

piedra líquida en las olas que me traen tu mensaje.

que me quieren decir algo

mientras la espuma en silencio

queda flotando en el aire,

y en las ondas de la brisa

 esas muecas de mis labios

que quisieron ser palabras.

 

Y busco entre las arenas aquellas

que tu escribiste y que el viento,

en leves copos de espuma entre las ondas se lleva.

Viajeras de esperanzas siempre eternas,

promesas de regazos de lácteas abundancias,

arrullo de oscuridades donde se gesta el pecado,

fuentes de sueños y dicha en noches de luna llena.

 

Se llevó la espuma el viento y los ecos de un tequiero

que se quedó entre mis labios.

 

Francisco Murcia Periáñez. 

miércoles, 3 de marzo de 2021

Hasta el último momento

 


Hasta el último momento

1 – 03 - 2021

 

Lentamente, sin darme cuenta,

la indefinible nube de la nada me va envolviendo,

pierdo las palabras,

soy una alforja rota vomitando desechos

que van borrando las huellas que quedaron a la espalda.

 

De pronto,

quiero cabalgar por mis recuerdos

hasta alcanzar la alborada de mis días,

y me pierdo,

ya no encuentro el horizonte que un día me vio partir,

ya no hallo la sombra que dejé bajo aquel árbol

el que me regaló el primer beso,

no llegan a mí los ecos de los tequieros entregados de una madre,

ni vislumbro aquellos ojos

que escribieron sus mensajes en miradas anhelantes.

 

Lentamente, sin darme cuenta,

un duende ladrón me roba las palabras,

y los versos, perdidos en un desierto,

ya no componen poemas,

solo son ramas perdidas de un árbol que no renueva sus hojas,

las últimas,

palabras y más palabras,

hojarasca amarillenta de paisajes ya resecos.

 

Y sin embargo,

aún queda alguna flor escondida, una pizca de color

que da valor a lo poco que aún resta de la vida.

Lentamente me va envolviendo el vacío.

 

Más no quedaré sin palabras,

aunque rotas por mi voz estrangulada,

seguirán surgiendo,

y las guardaré como se guarda un tesoro.

Vomitarán mis alforjas los recuerdos como piedras

porque no aguanto su peso,

pero seguiré caminando, y con fuerza,

pisaré sobre las huellas para que calen más hondas,

para que el viento de otoño no las borre,

para seguir siendo yo,

el que soy,

el que he sido

y el que seré hasta el último momento.  

 

Francisco Murcia


miércoles, 17 de febrero de 2021

Pluma exigente

                   


                   Pluma exigente

29 – 09 - 2016

 

Calla ya, pluma insaciable

que buscas con desespero

un olvidado tintero

donde mojar ese sable.

¿Acaso tú no lo sabes?

Nada tienes que escribir,

pues nadie va a recibir

las letras de tus mensajes.

Calma ya, vieja, tus ansias

y dedícate a vivir.

 

Y si tintero encontraras

por una casualidad,

ten en cuenta ya tu edad,

con un renglón terminaras.

Y por mucho que pensaras

en una larga misiva,

tan cansada y tan pasiva

al primer trazo te hallaras,

que a seguir tú te negaras

exhausta y sin energías.

 

Tente ya, pluma exigente,

que ya no tienes tintero

donde mojar el puntero.

Y de escribir, ni lo intentes.

El borrón es inherente

a las plumas ya vencidas.

Envaina el sable sin vida,

que el papel donde escribía

ya no aguanta acometidas

de letras tan atrevidas.

 

                Francisco Murcia. 





 

viernes, 12 de febrero de 2021

La senda de los sueños.



La senda de los sueños

2 – 04 - 2020

Te imagino caminando

por la senda de tus sueños,

abriendo a la libertad que nos da la fantasía

tus alas de mariposa,

contemplando desde arriba

marchitas flores del mundo

que se va con el ocaso,

mientras liba presurosa en el jardín de los sueños

el néctar de los silencios,

y los ecos de un arrullo suenan lejos,

muy lejos,

donde ya no alcanza el tiempo,

donde quedaron guardadas las fantasías

escritas en miradas inocentes,

cuando la voz era un trino,

el regazo de una madre era el cielo

y revive la princesa al calor de un casto beso.

 

Francisco Murcia.


viernes, 15 de enero de 2021

Es noche cerrada

          


Es noche cerrada

14 – 01 - 2021

 

Es noche cerrada,

un sudario de nieve brilla bajo la luz de la luna

y se congelan los cuerpos, y las almas

quedan suspendidas en las heridas del tiempo.

 

Relámpagos de plata

se extienden por el páramo vacío

en veloces y fugaces destellos.

Desolación,

silencio que no es silencio de vivos,

es la paz de los muertos.

 

Oh macizos muros de piedra que albergáis tanto lamento,

que guardáis bajo el sudario la esperanza de los cuerpos,

que en vuestro pétreo natural sentís el aliento de los vivos,

que lloráis lágrimas de hielo

ante el apagado suspiro de un niño que está muriendo,

con ronco crepitar gritáis al cielo,

¡basta ya!, le increpáis,

¡basta ya!, le exigís,

pues si tú, oh cielo, los creaste,

cesa ya en tu silencio y aplaca tu furia,

pues no hay pecado en un niño que merezca tu castigo.

 

Es noche cerrada,

el páramo está desierto,

es un espejo de plata donde se mira la luna,

el páramo está en silencio,

es la calma de los muertos.

 

Francisco Murcia.

martes, 5 de enero de 2021

Aunque no me quieras tanto

 

Aunque no me quieras tanto

5 – 01 - 2021

Aunque no quisieras te querría,

y te quiero, aunque no quieras.

Oigo músicas divinas a pesar de tus silencios,

escucho la voz del viento

que me devuelve tus ecos,

y te veo en la ventana regando rojos geranios

mientras me trae la brisa el rumor de una canción:

“A tu vera, siempre a la verita tuya,

hasta que de amor me muera” 

Y es que siempre te querré,

por mucho que tú no quieras.

Pero sé que tú me quieres,

aunque no me quieras tanto.

Sé que has puesto a tus geranios

mi nombre,

que tiene cada maceta una letra,

y cada letra un dibujo apenas disimulado,

de un corazón partido,

y una gota de rocío que brilla cada mañana,

que se desliza suave regando las dos mitades,

como lágrima perdida,

como huérfano suspiro

que se ha quedado perdido en medio de un corazón

mitad tuyo y mitad mío.

Y es que sabes que te quiero,

aunque no me quieras tanto.

 

Francisco Murcia.

sábado, 19 de diciembre de 2020

El último adiós.


El último adiós.

19 – 12 - 2020

Hay dentro de mí una penumbra donde se esconde la sombra de una sospecha, un algo impreciso que se ha quedado ahí, modelado por los restos que dejaron los gritos que nunca tuvieron eco, umbrías del silencio donde me cobijé, ¿por cobardía?, puede ser, o tal vez fue porque sin darnos cuenta habíamos comenzado a usar idiomas distintos, idiomas en los que no solamente las palabras no eran las mismas, sino que las mismas palabras significaban cosas distintas. Y fue pasando el tiempo contemplando amaneceres en un desierto de sueños, prolongando los ocasos que aún quedaban en el recuerdo. Y la noche, ¿o debiera decir la ausencia de noche? porque la vigilia se hizo permanente en una constante espera de una improbabilidad que ya era, desde hacía tiempo, la constatación de una verdad manifiesta: no habría gestos porque los muertos de la noche no se mueven, simplemente esperan el día para seguir engañándose con la ilusión de estar vivos.

De pronto escuchas el último no, ese monosílabo que tantas veces, a modo de portazo, cerró todos los caminos. Un no que surge de los abismos, ígneo, abrasador, vómito de lava que firma en el paisaje ya desolado la rúbrica del fin. Todo arde alrededor. De pronto desaparecen todos aquellos momentos vividos como eternos, el fulgor donde brillaron los sueños se apagó y la oscuridad reina en nuestro universo; hace mucho que sus dedos no escriben en la palma de mi mano ni los míos buscan las sombrías alamedas donde trenzaban caprichos. Hace mucho que un “tequiero” ha perdido su encanto y ahora sonaría distinto, como si de otra lengua se tratara porque, con las mismas sílabas, señalan polos opuestos. Todo convertido en humo cuando el último ¡nooo! surge de los abismos de la desesperación.

Y se acabó. Quien se queda, permanece mirando al frente buscando un horizonte perdido; quien se marcha, hiende su huella en un camino que no sabe dónde va. En medio, el dolor, las cenizas de algo que en su día fue un fuego, las rosas muertas hace tiempo en el jarrón y los hijos, espectadores involuntarios del derribo, sienten como su mundo salta hecho pedazos. Y no lo entienden, no tienen por qué entenderlo, son cosas de los mayores, unos mayores que, de pronto, han dejado de ser dioses protectores para convertirse en feos ídolos de barro.

Francisco Murcia. 

Oh, las palabras

  Oh, las palabras 20 – 10 – 2023   Las palabras bullen dentro de mi como fieras enjauladas, van y vienen, se vuelven y revuelve...