jueves, 15 de junio de 2023
Buenos días Rambla
domingo, 29 de enero de 2023
Sabes e dolor de la pena
29 – 02 - 2023
La vida, algo tan normal: las risas, los gestos, las miradas, las notas de un pentagrama soltando sus melodías; sin embargo, qué lejos, cuán distantes están de mi que no las puedo alcanzar.
Oh penumbra protectora que escondes los regueros de mi rostro,
cuánto os debo,
cuánto os amo,
cuánto sumerjo mi yo en vuestros grises encantos,
cuántos mundos he creado entre desoladas paredes de alcoba y espejismos solitarios.
una pizca del azar que equivocó su camino
y un destello de los cielos se deslizó entre mis sueños.
jueves, 29 de diciembre de 2022
Reposando mi soledad
Reposando mi soledad.
28 – 12 - 2022
He aquí, reposando mi soledad en el teclado, cuya objetividad física inanimada se anima para construir el camino que está por andar, como dejó dicho el poeta, y dejar los disueltos fantasmas de las huellas “que nunca volverás a pisar”. Se equivocaba el poeta, se equivocaba creyendo que el presente nunca sería pasado donde quedaron las huellas que queremos olvidar. Se equivocó la paloma creyendo que el mar era tierra, se equivocaba como se equivocó el poeta. Eso lo sabe el teclado cuando le ordeno olvidar, cuando le grito: ya no mires hacia atrás; el pasado, pasado está. Las letras me miran, los caracteres adquieren la solidez de la gravedad y mis dedos, corceles desbocados de mis anhelos, cabalgan sobre las teclas dando forma a pensamientos que aún están por llegar, se esconden en el futuro, y el futuro cuelga del hilo de un presente fugaz que aún contempla las huellas que se quedaron atrás. Alzo la frente de frente y veo los horizontes en ocasos nebulosos, colores oscuros y penumbras a destiempo, escucho tensos lamentos que me traen unos vientos de paisajes imposibles y escruto entre mis arrugas los gravados de un pasado que sigue siendo presente. El teclado me lo pide, mis dedos me lo demandan y mis sentimientos animan las fuentes de mis deseos.
Así, emergiendo de La Rambla, como pizca anónima que no altera los paisajes, me siento ante la pantalla y busco entre las ondas esa voz con la que sueño, los ecos de un “Hola, qué tal estás?”, o tal vez, las añoranzas de un yo que no supo caminar y construye su presente con los escombros perdidos a lo largo del camino. Alzo la frente de frente y ya no encuentro mi puerto. Tal vez me equivoqué creyendo que el mar era tierra. Mis pies se hunden, ya no hay camino que andar y sin embargo, aún me llegan las añoranzas felices de la inocencia perdida y sigo adorando a ese niño que, prendido a mis arrugas, sigue feliz con sus juegos, mientras pregunta a la almohada si en llegando la alborada podrá sonreír de nuevo.
Francisco Murcia
domingo, 4 de diciembre de 2022
Incompleto
Imagen de internet
Incompleto.
4 – 12 - 2022
Oh, Dios!
Por qué me hiciste como me hiciste,
tan incompleto,
tan diferente,
tan otra cosa que no encuentro mi lugar,
que no hallo la mirada que yo busco,
la sonrisa que deseo,
el susurro que me alivie el dolor del silencio
de los arrullos que nunca escuché.
Quise colgar de un pentagrama las lágrimas de mis
penas,
pero no me diste la voz,
y me negaste los tonos para prender mis acentos.
Deseé coger el pincel
y dibujar mi vagar por el jardín de mis sueños;
pero Tú, oh Dios, me negaste los colores
y apagaste las fragancias que regalas a las flores.
Fueron mis anhelos encontrar el pegamento
que sellara los trozos de un alma rota,
que va regando pedazos,
pizcas de sentimientos que quedan anclados a momentos
y recuerdos que se pierden en el tiempo.
Y mientras, camino y camino preguntándome
Por qué Tu, oh Dios!, me hiciste tan incompleto,
negándome los senderos que dejaste en el cielo.
Si yo no los merecía,
por qué me dejaste vivir cuando mi cuerpo
yacía en el calor de un regazo que ya me daba por
muerto.
Por qué Tú, oh Dios, me hiciste tan incompleto.
Francisco Murcia
martes, 20 de septiembre de 2022
Hambre
Hambre
17 – 09 – 2022
Hambre, hambre.
Me despierto y siento
las dentelladas que los efluvios de los sueños
han dejado en mi hambre.
Hambre de umbrías imposibles,
de inocencias olvidadas,
de extraviadas risas y miradas con mensaje.
Aún el ojo del cíclope sigue escondido en su cueva,
y los sueños esconden su presencia
envueltos entre ilusiones y los últimos sabores
de los besos que recuerdan.
Siento hambre y rabia, y un nudo en la garganta
donde mueren mis suspiros.
Sí, no me importa gritarlo,
y grabarlo en las gotas de rocío
donde, con pluma de oro, escriben los rayos del sol
lo efímero de nuestro endeble destino.
Estoy solo y siento hambre
del fantasma de una hembra,
de la sombra de don nadie,
de la presencia ilusoria de aquel otro
que me robó mi tesoro.
Siento hambre de las cosas,
de los cuerpos y las almas.
Siento hambre de existencia más allá de mi ventana.
Escucho y solo percibo el silencio.
Siento hambre y estoy despierto.
Mejor estaría dormido,
paseando entre los sueños
para aliviar mi condena.
Francisco Murcia
A paso lento
A paso lento
18 – 09 – 2022
Dejadme recorrer a paso lento
los jardines de mis sueños
entre alborada y ocaso.
Dejad libres mis suspiros y no os burléis
de aquel niño que miraba las estrellas
y se preguntaba cuál era el secreto
para que no se cayeran,
como se cayó el tarro de la sal,
como se caen todas las cosas cuando las llama la
tierra.
No, no puedo ser breve,
aunque la vida lo sea.
Si la percibimos breve, es
porque no sabemos descubrir que la eternidad
se contiene en un momento,
una mirada,
una sonrisa,
el aullido lastimero de tu perro,
los dibujos de unas trenzas en el aire,
los aromas deliciosos de escondidas humedades.
Todo eso es eternidad,
y todo se queda escrito
aunque el ego nos absorba
y se nos termine el tiempo.
Francisco Murcia
A paso lento
18 – 09 – 2022
Dejadme recorrer a paso lento
los jardines de mis sueños
entre alborada y ocaso.
Dejad libres mis suspiros y no os burléis
de aquel niño que miraba las estrellas
y se preguntaba cuál era el secreto
para que no se cayeran,
como se cayó el tarro de la sal,
como se caen todas las cosas cuando las llama la tierra.
No, no puedo ser breve,
aunque la vida lo sea.
Si la percibimos breve, es
porque no sabemos descubrir que la eternidad
se contiene en un momento,
una mirada,
una sonrisa,
el aullido lastimero de tu perro,
los dibujos de unas trenzas en el aire,
los aromas deliciosos de escondidas humedades.
Todo eso es eternidad,
y todo se queda escrito
aunque el ego nos absorba
y se nos termine el tiempo.
Francisco Murcia
martes, 30 de agosto de 2022
Asiento vacío
Asiento
vacío.
30
– 08 – 2022
Vi
los asientos vacíos un día y me extrañé. Siguieron vacíos. Aquellas caras que
me eran tan familiares, esa sonrisa al inicio de la marcha cuando el sol está
dudando, partido por un horizonte lejano que se adivina en el mar, ese ¡hola!
casi anónimo esbozado en un amistoso gesto, y el otro, que también los hay, que
expresa a viva voz vestida de simpatía que eres parte del entorno donde
reparten sonrisas, charlas de andar por casa, cosas simples de la vida que, al
final, solo son meros matices, anécdotas ya vividas con las que cocinamos la
sabrosa guarnición de unos momentos de charla bajo el dosel de La Rambla.
Pasan
dos o tres días. Los asientos siguen vacíos y, poco a poco, la sospecha ominosa
de una nube negra va haciéndose grande dentro de mí. Algo ha pasado, me digo; y
sigo la marcha arrastrando los presagios de un desgraciado quizás. Ayer lo vi.
Un cartelito en una cuartilla blanca donde creí leer que aquel asiento era el
de Paco. Caí en la cuenta que nunca conocí los nombres de aquellos tertulianos
con los que he cruzado un ¡hola! durante dos o tres años. Hoy me detuve. Leí
con atención: RIP, un ramito de flores y un nombre: Paco, la voz vestida de
simpatía que respondía mi ¡hola!
Ya
venía de regreso. Los pies que andaban ligeros de pronto dejaron de caminar,
comenzaron a dudar entre arrastrar su pesar o trasportar dignamente el dolor de
aquel silencio, ese mínimo espacio que, a la salida del sol, ocupaba ese ¡hola!,
y la imagen del asiento ya vacío, convertido en el andén donde evadirnos del
tiempo mientras esperamos ese último viaje, el último tren que nos ha de llevar
libres ya de obligados equipajes. Siento que no volverá a ser lo mismo. Una voz
se ha perdido para siempre, un ¡hola! como puente colgante que conectaba dos
orillas de un mismo río, que nunca se conocieron más allá del ligero rumor de
la corriente discurriendo mansa, con la placidez que da el contemplar los
ocasos como el más bello final. Me siento ante el teclado. La imagen de Paco,
mi simpático tocayo, sigue anclada en el asiento. Yo sigo dejando un ¡hola! a
mi paso por La Rambla, escucho atento la brisa y me parece distinguir entre el murmullo
de las hojas los ecos de una sonrisa. RIP, amigo Paco. Nos veremos más allá del
horizonte donde ya no llega el sol, donde me espera un asiento y tu ¡hola!,
aquel que se quedó pendiente entre el rumor de palomas y el ramaje de La
Rambla.
Francisco Murcia.
Oh, las palabras
Oh, las palabras 20 – 10 – 2023 Las palabras bullen dentro de mi como fieras enjauladas, van y vienen, se vuelven y revuelve...
-
La indiferencia 6 - 04 - 2018 Y yo que pensaba que estaba todo hecho, que había pasado todo lo que tenía que pasar. De niñ...
-
El otro 25 – 08 - 2019 Cuánto me gustaría ser el otro, ese otro que abraza la sombra de tus pecados. Siempre ausente, ale...
-
Muerte y vida se fueron en silencio. 30 – 10 - 2018 Inspirado en el poema “ LA MUERTE PREFERIBLE ”, de Eduardo Hunter, publica...